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El lector que espera

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Al igual que usted ahora, soy un lector que espera. Cómodo y distendido en mi lectura, aguardo. Espero dar con algo en este texto. De eso se trata. Leer paciente hasta encontrarse con algo imprevisto. Lo disfruto. Algunos leen para soportar la espera. Yo espero para poder leer. No imagino otro modo de leer que no sea esperando. En un bar, en un banco, en una parada de ómnibus, en una esquina, a cualquier hora. No importa el motivo de la espera, importa estar así, con el cuerpo acomodado a la inminencia. Soy un esclavo del tiempo muerto. A veces siento que las fuerzas del cuerpo me abandonan. Sin embargo, al igual que usted ahora, sigo paciente leyendo y esperando lo inesperado. El texto, más no la lectura, acaba. La espera prosigue. Usted y yo sabemos que es adictivo esperar. La monótona expectativa de lo incierto, lo desconocido e inalcanzable finalmente te atrapa, y entonces te condena, para siempre.
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Chiste

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Un argentino, un coreano, un paraguayo, un alemán y un ruso se encuentran en una esquina. Se miran, se saludan con la vista, y siguen su camino, sin dejar la más mínima posibilidad de construir un chiste.

Crónica de hambrientos

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© Sandro Centurión Al principio, los hambrientos hablaron, hablaron, y hablaron, explicaron, argumentaron, justificaron lo injustificable, pregonaron, predijeron, protestaron, se anticiparon, profetizaron, hicieron hipótesis fantásticas, sacaron conclusiones, teorizaron. Luego, los hambrientos especularon, incitaron, inquirieron, criticaron con vehemencia, interrogaron,  pusieron en duda, defendieron, se contradijeron, cuestionaron hasta el hartazgo. Entonces,  los hambrientos arremetieron, se intranquilizaron, se obsesionaron, mendigaron, husmearon, se entusiasmaron, se denigraron, se vanagloriaron, se entrometieron. Se juntaron, se dividieron, los hambrientos mintieron y creyeron sus mentiras, discutieron con quien se les pusiera delante. Finalmente, consiguieron un mendrugo de gloria que los hizo callar, por un rato.

Mark y el fin del mundo

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Dicen que todo empezó o terminó una noche fría, en una pequeña taberna de New York. En una mesa ubicada en un oscuro rincón, Mark Zuckerberg, completamente ebrio y solo, tomó su teléfono y jugó con él como solía hacerlo siempre. Un rato más tarde hizo la llamada, del otro lado una voz artificial le solicitó una contraseña que Mark pronunció en voz baja. Entonces, hizo lo que tenía ganas de hacer: dio la Orden Definitiva, y la voz del otro lado acusó recibo.
Luego, regresó al whisky y vio su risa idiota repetirse en el fondo del vaso. Afuera los protocolos del amanecer de un nuevo día arrancaban. Unas horas después los suicidios masivos inundaron el mundo.

Ramoncito, el frágil

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© Sandro Centurión

Fue un accidente tonto, Ramoncito intentaba treparse a una silla para alcanzar la llave de la luz. Le gustaba de una manera especial encender y apagar las luces de la casa. Había logrado aquella hazaña en anteriores ocasiones pero esta vez apoyó mal una de las rodillas y cayó al piso. Se hizo trizas el pobre Ramoncito. Sus pedacitos llegaron hasta la puerta del baño y toda esa tarde tuvimos que andar con la vista en el piso y en ojotas por si pisábamos algún fragmento perdido de Ramoncito. Desde que nació sabíamos que sería frágil. Igual, mamá lo recuperó. Con la paciencia que sólo una madre puede tener lo armó como a un rompecabezas, además ella era la única que podía saber dónde iba cada parte. Pegó todos y cada uno de sus pedacitos con la boligoma de Florencia, y casi la deja sin pegamento para la clase de plástica de pegar tantos pedazos y pedacitos del pobre de Ramocito. Ahora ya está bien, corre y salta como antes, y mamá nos reta a todos si lo dejamos de vig…

Julieta sostiene el revólver con la mano izquierda

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Es una oración bimembre, es decir de dos miembros. Aunque sólo se refiere a Julieta, nada dice de Romeo que está de pie en la otra punta de la habitación. El sujeto expreso simple, ahora, es Julieta que para ser más preciso debería decirse sujeta atendiendo a que Juan Carlos quedó muerto en su pasado, en la provincia, aunque en su documento todavía figure Juan Carlos ella ahora es Julieta, a secas, sin apellido, sin pasado, puro presente. Julieta es entonces “la sujeta”, aunque sujeta no está porque se desató los nudos ella solita, y ahora se expresa como a ella le gusta expresarse, así, con un arma en la mano. Es sencilla pero para nada simple porque su vida nunca fue simple y lleva grabada la complejidad en la piel junto a una maraña de tatuajes que ocultan cicatrices. El núcleo verbal de la oración es "sostiene", y sostiene con fuerza porque Julieta sabe sostener y sostenerse frente a todo y a todos. Sostener es la acción principal del momento aunque lo viene siendo desde…

La física de las repeticiones

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©Sandro Centurión

Para hoy tendremos una serie de repeticiones graves, sobre todo durante las últimas horas de la tarde, que se extenderían durante toda la noche. Las repeticiones son cada vez más frecuentes y de mayor intensidad, por el cambio climático dicen algunos, por castigo divino sostienen otros, la verdad es que nadie ha indagado demasiado en el tema. Al principio ocurrían cada 100 años, y era muy difícil darse cuenta, así que las más de las veces pasaron desapercibidas en la historia de la humanidad. Entonces, hace un tiempo, las repeticiones empezaron a hacerse más frecuentes, cada 50 años, luego cada 10 y últimamente se dan por lo menos 5 por mes. Las repeticiones se miden según el nivel de impacto en la historia nacional o global; una repetición puede ser leve, cuando afecta a unos pocos individuos en un determinado punto geográfico; moderada cuando afecta a un barrio o a un pequeño poblado, o intensa cuando afecta a una nación o varias naciones al mismo tiempo.
Ahora bie…