Entradas

Entrada destacada

El lector que espera

Imagen
Al igual que usted ahora, soy un lector que espera. Cómodo y distendido en mi lectura, aguardo. Espero dar con algo en este texto. De eso se trata. Leer paciente hasta encontrarse con algo imprevisto. Lo disfruto. Algunos leen para soportar la espera. Yo espero para poder leer. No imagino otro modo de leer que no sea esperando. En un bar, en un banco, en una parada de ómnibus, en una esquina, a cualquier hora. No importa el motivo de la espera, importa estar así, con el cuerpo acomodado a la inminencia. Soy un esclavo del tiempo muerto. A veces siento que las fuerzas del cuerpo me abandonan. Sin embargo, al igual que usted ahora, sigo paciente leyendo y esperando lo inesperado. El texto, más no la lectura, acaba. La espera prosigue. Usted y yo sabemos que es adictivo esperar. La monótona expectativa de lo incierto, lo desconocido e inalcanzable finalmente te atrapa, y entonces te condena, para siempre.

Intercambio

Imagen
©sandro centurión

Intercambiamos miradas durante toda la mañana. Ella puso sus ojos en mí, y yo puse los mío en ella. Era un acuerdo tácito de anónimas soledades. Sus ojos vieron mi taza de café a medio terminar, la corbata desprendida, la marca reciente del anillo, la barba semicrecida y la vieja cicatriz en el mentón. Mis ojos, en cambio, vieron, el jugo de naranja y el sándwich de verduras, el arete en la oreja izquierda, el piercing en el ombligo, las arañitas que escapaban más allá del límite de la falda, la transparencia de la blusa, y el rojo pálido en sus labios. Cuando se fue, mis ojos se fueron con ella, no pude hacer nada para evitarlo. Yo me quedé con los suyos. Tienen una mirada lejana, distante, profana. Al fin y al cabo, creo que salí ganando .

CALLES OSCURAS

Imagen
El juego consistía en dispararle a la oscuridad. Diez tiros por jugador. Cada jugador elegía una calle oscura del barrio. Al día siguiente revisábamos a qué le había dado cada uno: postes 5 puntos, carteles 10 puntos, autos estacionados 20 puntos, perros y gatos 30 puntos, vecinos y transeúntes 100 puntos.
Ahora también puedes leer mis frases y textos breves en Mundifrases.com
Date una vuelta por allí http://www.mundifrases.com/frases-de/sandro-centurion/

Chiste

Imagen
Un argentino, un coreano, un paraguayo, un alemán y un ruso se encuentran en una esquina. Se miran, se saludan con la vista, y siguen su camino, sin dejar la más mínima posibilidad de construir un chiste.

Crónica de hambrientos

Imagen
© Sandro Centurión Al principio, los hambrientos hablaron, hablaron, y hablaron, explicaron, argumentaron, justificaron lo injustificable, pregonaron, predijeron, protestaron, se anticiparon, profetizaron, hicieron hipótesis fantásticas, sacaron conclusiones, teorizaron. Luego, los hambrientos especularon, incitaron, inquirieron, criticaron con vehemencia, interrogaron,  pusieron en duda, defendieron, se contradijeron, cuestionaron hasta el hartazgo. Entonces,  los hambrientos arremetieron, se intranquilizaron, se obsesionaron, mendigaron, husmearon, se entusiasmaron, se denigraron, se vanagloriaron, se entrometieron. Se juntaron, se dividieron, los hambrientos mintieron y creyeron sus mentiras, discutieron con quien se les pusiera delante. Finalmente, consiguieron un mendrugo de gloria que los hizo callar, por un rato.

Mark y el fin del mundo

Imagen
Dicen que todo empezó o terminó una noche fría, en una pequeña taberna de New York. En una mesa ubicada en un oscuro rincón, Mark Zuckerberg, completamente ebrio y solo, tomó su teléfono y jugó con él como solía hacerlo siempre. Un rato más tarde hizo la llamada, del otro lado una voz artificial le solicitó una contraseña que Mark pronunció en voz baja. Entonces, hizo lo que tenía ganas de hacer: dio la Orden Definitiva, y la voz del otro lado acusó recibo.
Luego, regresó al whisky y vio su risa idiota repetirse en el fondo del vaso. Afuera los protocolos del amanecer de un nuevo día arrancaban. Unas horas después los suicidios masivos inundaron el mundo.

Ramoncito, el frágil

Imagen
© Sandro Centurión

Fue un accidente tonto, Ramoncito intentaba treparse a una silla para alcanzar la llave de la luz. Le gustaba de una manera especial encender y apagar las luces de la casa. Había logrado aquella hazaña en anteriores ocasiones pero esta vez apoyó mal una de las rodillas y cayó al piso. Se hizo trizas el pobre Ramoncito. Sus pedacitos llegaron hasta la puerta del baño y toda esa tarde tuvimos que andar con la vista en el piso y en ojotas por si pisábamos algún fragmento perdido de Ramoncito. Desde que nació sabíamos que sería frágil. Igual, mamá lo recuperó. Con la paciencia que sólo una madre puede tener lo armó como a un rompecabezas, además ella era la única que podía saber dónde iba cada parte. Pegó todos y cada uno de sus pedacitos con la boligoma de Florencia, y casi la deja sin pegamento para la clase de plástica de pegar tantos pedazos y pedacitos del pobre de Ramocito. Ahora ya está bien, corre y salta como antes, y mamá nos reta a todos si lo dejamos de vig…