Un cuento no policial


Sandro Centurión

Este no es un cuento policial. Se lo digo yo que de esos conozco bastante. Si lo fuera habría por lo menos un tipo que investiga, un detective, un comisario o una vieja curiosa que se mete en lo que no le importa. Este no es el caso, pues acá no hay nadie que investigue, nadie que le dedique dos segundos de su tiempo a resolver un enigma. Ése es el otro punto que también está ausente en esta historia y que la convierte en un cuento no policial, no hay enigma ni incertidumbre alguna, y es lógico pues si no hay un alguien que se preocupe por investigar tampoco hay enigma que salga a la luz. Si un árbol cae en medio del bosque y nadie lo oye ¿cayó realmente? Si a un tipo como Ernesto le disparan en la cabeza en medio de la calle y nadie lo ve ni lo oye ¿le dispararon realmente? Insisto en que este no es cuento policial, en los cuentos policiales hay sospechosos. Cada uno con un motivo para matar a la víctima y también con una coartada que le permita escapar de la categoría de sospechosos. Algunos siempre son más sospechosos que otros, los celosos, los soberbios, los ambiciosos y los rencorosos son los que más posibilidades tienen de dejar de ser sospechosos para ser finalmente culpables. Sin embargo, como este no es cuento policial y no hay quien interrogue a los sospechosos porque tampoco hay nada para preguntar, los acaso sospechosos llegan a ser apenas transeúntes ocasionales, gente, muchedumbre, la masa, nadie. El culpable resulta entonces un elemento innecesario en la reconstrucción de la historia. La ausencia de estos elementos fundamentales de la ficción policial constituye la imposibilidad de incorporar a esta historia en la prestigiosa categoría de cuento policial. Esto desde luego genera consecuencias indeseadas a la hora de poder entender lo que le pasó a Ernesto. Se sabe que Ernesto recibió tres balazos en la cabeza, en medio de la calle, cuando salía de trabajar, y punto. Es un típico cuento no policial, una producción estética propia de la decadente posmodernidad que toma como punto central de la construcción narratológica el desinterés por la cosa humana. El cuento no policial no es transgresor, es decadente, desanimado, escrito por el solo acto de juntar palabras para llenar espacios y repetir un molde hueco por dentro. Esta historia no es un cuento policial, es la vida de Ernesto y por ende sólo atañe a Ernesto, (que está muerto) o a lo sumo a su viuda, que llora con desconsuelo junto a su cadáver que aun chorrea los últimos restos de sangre.
En un cuento no policial el elemento principal, único para ser más preciso, es la ineludible presencia de la víctima. Es la víctima en su destellante soledad la que ocupa el centro de la escena, la que fundamenta, sostiene y alimenta con su cuerpo y con su sangre a la historia en su conjunto. Pero la víctima es víctima siempre en presente, el estado natural de la víctima es el presente pues en el pasado no era víctima era otra cosa, una inexistencia para el cuento no policial. Es el crimen lo que le da existencia, lo que la hace visible, sin esto la víctima es nada, o mejor dicho es apenas Ernesto. Por ello, el cuento no policial sólo existe en razón del presente, a diferencia del cuento policial que es una mera reconstrucción del pasado. El pasado de Ernesto no importa pues antes de que alguien le disparara tres tiros en la cabeza en medio de la calle al salir del trabajo Ernesto no existía. Ahora existe, muerto.
En este cuento no policial no hay desafío alguno para el lector, no tiene sentido adelantarse y leer el final para develar el enigma, que no existe. No hay pistas falsas que conduzcan el razonamiento hacia otra parte, no hay pistas ciertas que pasen desapercibidas para el ojo entrenado. No. No hay nada de eso porque al cuento no policial no le interesa mantener atrapado al lector en una trama hipócrita y artificial. El cuento no policial no narra una historia, la escupe. Por eso nadie con un poco de sentido común contaría la historia de Ernesto como un cuento policial y si lo hiciera el relato sería inverosímil. Lo cierto es que a Ernesto le dispararon tres veces en la cabeza al salir del trabajo. La policía jamás llegó porque en el Barrio de Ernesto la Policía no entra. El barrio entonces es también no policial. Nadie tomó fotos, nadie interrogó a posibles testigos, ni se llenaron interminables formularios. Eso ocurre en la ficción o en una realidad paralela, paralela a la ruta que divide el barrio de Ernesto del resto de la sociedad donde sí se narran historias policiales. Para Ernesto no hay cuento policial por la simple razón que su historia no encaja en los moldes ortodoxos de la literatura. Para Ernesto entonces hay una no literatura, un cuento no policial. Como tantos, Ernesto terminó tirado en una zanja. Ese es el final recurrente en un cuento no policial. En el cuento no policial, no hay crímenes perfectos ni imperfectos. Sólo crímenes que saben a cotidianeidad. La misma idea de crimen se cuestiona en el cuento no policial a veces es apenas algo que le pasó a alguien a una hora determinada. Un hecho inevitable en el destino de quienes viven de este lado de la ruta. Ahora el hijo de Ernesto anda armado. No trata de averiguar quien mató a su padre porque está seguro de saberlo desde siempre. Ni bien se lo cruce en el barrio le va a pagar tres tiros en la cabeza. Pero esa es otra historia, otro cuento no policial.

Comentarios

  1. Un cuento no policial excelente, Sandro.

    Destaca su intertextualidad y cómo por la negación permanente se narra una historia cargada de intensidad.

    Un saludo,

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  2. muy interesante el descubreimiento de tu blog, te seguiré sin ser una bloguera policia.
    Un saludo desde Tenerife y te invito a que conozcas mi humilde morada.
    http://gofioconmiel.blogspot.com.es/

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  3. gracias Pedro! la historia intenta también ser una crítica encubierta, solapada quizás a cierta marginación social que no siempre estuvo visible en las literaturas mas elitistas.
    Un saludo, siempre estoy atento a tus comentarios.

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  4. Un cuento de la realidad -si existiera- . Escrito con gran perspectiva social.
    Un abrazo

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  5. waaaw!! es la pura realidad!!! tus textos me gustan mucho, esa forma con la que están escritos; cargados de paralelismos con el mundo en el que vivimos, con esas vueltas de ideas, no puedes esperarte un final, las metáforas..me gusta mucho el blog, lo he descubierto esta semana, y me ha animado a crear definitivamente un blog! un saludo!

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    1. Gracias Pablo! me alegra que sea de tu agrado y no dejes de contarnos acerca de tu blog. Gracias por leer y comentar.

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