La ventana

De lejos sólo se ve la ventana de su habitación, pero con mis binoculares puedo verla desvestirse. Acaba de entrar. Arroja el sombrero al piso y se sienta en el borde de la cama. Comienza a quitarse la blusa. Hoy se la ve particularmente cansada. Ahora se está desprendiendo la falda, se pone de pie y la deja caer hasta la altura de los tobillos; arroja la prenda contra la pared con la punta del pie. Va de un lado a otro de la habitación como si buscara algo que no termina de encontrar. Se detiene. Ahora, se quita los tacos y la pantimedia. Ahora, se desprende el corpiño y lo arroja sobre el velador. Amaga una risa y sigue. Con los pulgares engancha el pequeño bikiny y lo hace deslizar por sus piernas largas. 
Parece que acaba de encontrar lo que buscaba. Enciende un cigarrillo, se para frente a la ventana y mira detenidamente hacia afuera. La veo fumar y perderse en sus pensamientos.
Ahora, deja el cigarrillo consumirse en el cenicero de la mesa de luz. Ahora, se quita las arrugas, apenas algunas que resistieron el embate de las cremas. Se quita, también, las manchas en los brazos y los lunares indeseados. Se deshace por completo de las pequeñas varices y las estrías que se ocultan en las pantorrillas. Se quita todas y cada una de las canas que invadieron su cabeza. Toma coraje y se quita la cicatriz de la cesárea. Ahora, se saca la grasa que se le acumuló por años en las nalgas. Se quita también la mirada serena del rostro, y por último se quita a todos los hombres de la historia de su cuerpo.
Desnuda de todo por completo cierra las cortinas.

Comentarios

  1. MUY DESCRIPTIVO.-BIEN EL RELATO, MUY LOGICO. DESOIERTA CURIOSODAD DEL LKECTOR.-

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