Tecnología humana

A mitad de camino, de pronto nos detuvimos, en medio de la nada. Nuestro transporte dejó de andar, así porque si. Pli y yo debíamos realizar una travesía que duraría alrededor de cuarenta días por la zona desértica para encontrar una ruta alternativa a Nueva Blajtha. Nuestro vehículo era uno de los pocos en el campamento capaz de andar por esos terrenos agrestes, sin embargo, y a pesar de las previsiones ahora presentaba una evidente falla que ponía en riesgo no sólo la misión sino nuestras vidas. Hicimos lo único que en ese momento se nos ocurrió que podíamos hacer, nos bajamos, sacamos algunas herramientas y revisamos el vehículo. Lo abrimos y miramos dentro sin saber exactamente qué mirar. Todo parecía estar en su lugar, el estómago, el hígado, los riñones y los interminables intestinos. Observamos un rato el latir acompasado del corazón y el movimiento incesante de los fluidos, los rojos, los azules y los amarillos. Nos rascamos la cabeza con la izquierda y después con la derecha. Era una falla sin sentido, aunque para nosotros que no sabíamos nada de tecnología humana sea cual fuera la falla no tenía sentido. Resignados, le cerramos la pansa, lo montamos de una salto, nos miramos y observamos hacia atrás el largo camino recorrido y luego hacia adelante el largo camino por recorrer. Cruzamos los dedos, Pli le dío un golpecito en el trasero y el humano empezó a andar como si nada hubiera pasado.
No se lo dije a Pli pero durante todo el viaje tuve un miedo aterrador a quedarnos varados en medio de algún cráter marciano.

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