El lector que espera

Al igual que usted ahora, soy un lector que espera. Cómodo y distendido en mi lectura, aguardo. Espero dar con algo en este texto. De eso se trata. Leer paciente hasta encontrarse con algo imprevisto. Lo disfruto. Algunos leen para soportar la espera. Yo espero para poder leer. No imagino otro modo de leer que no sea esperando. En un bar, en un banco, en una parada de ómnibus, en una esquina, a cualquier hora. No importa el motivo de la espera, importa estar así, con el cuerpo acomodado a la inminencia. Soy un esclavo del tiempo muerto. A veces siento que las fuerzas del cuerpo me abandonan. Sin embargo, al igual que usted ahora, sigo paciente leyendo y esperando lo inesperado. El texto, más no la lectura, acaba. La espera prosigue. Usted y yo sabemos que es adictivo esperar. La monótona expectativa de lo incierto, lo desconocido e inalcanzable finalmente te atrapa, y entonces te condena, para siempre.

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