Gregorio, el transformador

Gregorio, era un capo. Lo más. El loco podía transformarse en lo que fuera. Al principio, y como era el séptimo hijo varón, sólo podía transformarse en lobizón, y sólo lo viernes de luna llena. Pero después, como además a Gregorio le parecía genial transformarse se fue perfeccionando y logró convertirse en perro, en gato, en liebre, en yacaré, en carpincho, en iguana, incluso en una horrenda yarará. Cómo nos mataba de susto el loco. Pero eso sí a nosotros nunca nos hizo nada porque era un amigo re posta. Iba con nosotros a todas partes, un genio total. Y de vez en cuando, para matarnos del susto nomás, se transformaba en uno de nosotros.

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