Ayudante de campo

Señoras y señores el partido se va a poner interesante en este segundo tiempo. Es la final del campeonato barrial y ninguno de los contendientes ha podido anotar un gol. Hasta ahora ha sido un partido de ajedrez, y la presión en las tribunas comienza a hacerse sentir. Para los “amanecidos sin esperanzas” de Villa Soledad el desafío va a ser mayor en lo que resta porque Tyler, el número 10, el mejor jugador de la cancha, no sale para jugar el segundo tiempo. Tampoco van a estar Michel Duré, el 11 y Hank Müllher el 9. Incluso a Luigi Parisi, el arquero, se lo ve inquieto y parece pronto a pedir el cambio. El equipo se queda sin sus estrellas, las que fueron compradas para esta temporada a importantes clubes europeos.
Amanecidos entra a la cancha con suplentes en la delantera: Pérez, Caballero y González. Tienen todos los bríos y ahora tendrán la oportunidad tan esperada. Se miran y se dan ánimos ante la sorpresa general en las tribunas. Hay incertidumbre y desazón en el banco de suplentes. Al director técnico la preocupación le ocupa todo el rostro, sin embargo vean como el ayudante de campo, el fiel aguatero, el encargado de saciar la sed de los jugadores, levanta el puño y les sonríe a los recién ingresados mientras las estrellas del equipo son atendidas por un repentino dolor punzante en el estómago, y se retuercen en el pasto. 

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