Ya nadie escribe cartas

¿Qué se dice en estos casos? No importa, de todas maneras nunca fue bueno para escribir. Lo suyo no son las palabras. Se siente ridículo con una lapicera en la mano. Va a ser la peor carta que alguien haya escrito alguna vez. Lo importante es, que crean en la carta y, en la historia que relata. Ni bella ni correcta, le alcanza con que sea verosímil. Al fin y al cabo, nadie miente cuando escribe la última carta de su vida. El epílogo que le dará sentido y explicará la decisión de acabar con ella. Los muertos siempre tienen un crédito de verdad. Letra clara y prolija. Que no muestre duda ni cobardía. Así de simple. ¡Qué mierda de carta! No va a resultar, repite entre dientes con fastidio. Se levanta del sillón, toma la pistola, le quita el silenciador y, antes de irse, coloca el arma en la mano diestra del cadáver que yace en el piso sobre un charco de sangre. En el escritorio queda una hoja de papel apenas garabateada, que algún perito forense interpretará como propia de la mente de un suicida.

©Sandro Centurión


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